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El paisaje, una cierta visión del infinito

Janina Lamberty – Inspiración Catalunya

Paisaje, puede ser el entorno y una visión deslumbradora, la representación de la naturaleza o una proyección de la experiencia inteligente. ¿Son éstas unas definiciones contradictorias? Para el artista, el paisaje siempre ha sido un medio y un camino para la expresión. Un gran tema donde todo se puede explicar. Ideas concretas, acciones o simplemente mostrar el entorno donde una vive, allí donde el artista se siente inmerso y conmovido.

En estas últimas obras que Janina Lamberty expone, presentamos esta idea global de paisaje. La simplificación de las formas es un símbolo de la grandeza. También de su integración paulatina a los nuevos paisajes por donde viaja y vive. La exposición es un recorrido, un largo camino, que aún ahora está siguiendo hasta llegar a Barcelona. Ha dejado atrás los colores y los tonos de la luz del Norte.

Barcelona, el Delta del Ebro, la Cerdaña, Ampurias, Montserrat…… Zonas, lugares, costumbres y climas diferentes. Realidades físicas que para Janina Lamberty, lo dejan de ser para convertirse en iconos: imágenes, mosaicos de colores, volúmenes colgadas y estructurados por un esquema geométrico y de color. Todos ellos acaban siendo referentes de una visión global del paisaje. Recuerda una visión. Recuerda una idea de Estela Ocampo sobre la pintura “Otoño, acantilados y los ríos” del pintor chino Houei-Tsong (1082-1135): “El paisaje está pintado en una amplia perspectiva que convierte en miniatura a ríos, montañas y bosques. Es la visión del infinito”.

Esta idea de infinito y también de atemporalidad, impregnan toda esta última obra de Janina Lamberty, que en realidad expresa el origen de su concepto de representación, el cual parte de una figuración inicial provocada por la atracción por el paisaje y por la geología de la Tierra. En su estudio y realización apasionada llega a la abstracción más pura con las formas geométricas más esenciales: la verticalidad, el rectángulo, el cilindro, el punto y la línea. El color es otro de los elementos que dan el sentido final que pretende la pintura. Azules, verdes, ocres, tierras y rojos, todos ellos diluidos y tratados, algunas veces de manera impactante y otras, con tonos insinuantes.

El uso del papel Japón en casi todas las obras aporta una fragilidad que enlaza con el guache y la tinta, una calidez y sensibilidad extrema ante los demás elementos que se han considerado siempre más duros y fuertes: la línea y la geometría. El grosor del papel, a veces conseguido por la superposición de muchas hojas, da cuerpo al dibujo. Lo convierte en un objeto. La ausencia deliberada del marco en las obras de gran tamaño nos ayuda a sentir está transformación. La pintura abandona las dos dimensiones….

Las instalaciones sobre los saltos de agua, no son una representación sino la composición visual y cromática de agua. Es posible que también sea aquella música sin cadencia al caer. Un ritmo que nos sugiere el movimiento y la visión persistente de un instante tras otro, gracias a los pequeños movimientos de tubos o varillas llenos de color. Y parece que el tiempo no existe o, simplemente, nos evoca la fragilidad de las cosas, o tal vez de aquella eternidad hecha de pequeños instantes mágicos como los que sentimos al respirar en un bosque, después de la lluvia, o nadando por las aguas de transparentes del mar mediterráneo después de un largo período de reclusión. Es un punto situado en el infinito donde se puede dejar libre el espíritu. Y de esta manera tan sencilla, el arte, tal vez, nos promete todas estas magias posibles….

Montserrat Carné Penalva